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Viajamos a Irlanda del Norte y su Capital, Belfast. El Alien Viajero anda suelto.

Marcada por una más que pronunciada fractura con su vecino del sur, Belfast, La Capital de Irlanda del Norte, es una ciudad muy viva, la cual conviene visitar cerca del fin de semana, para imbuirse del bullicio y la alegría que proporcionan sus incontables pubs, verdaderos templos de culto en una urbe que acoge, de manera muy visible, todas las variantes posibles surgidas del catolicismo, a lo largo de los últimos cinco siglos.
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Como en todo viaje, la llegada y posterior partida carecen de interés, en todo caso habría que criticar duramente las medidas de seguridad, que no obedecen a un criterio de lógica, algo que un servidor puede constatar, – aunque no sea este el momento ni el lugar – tras varios años trabajando en un aeropuerto.
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En modo recomendación, es más que suficiente contar con dos días completos para visitar la ciudad y la zona norte del país, siempre que uno no pretenda visitar Londonderry, e indagar sobre el pasado del conflicto con el IRA, ese es otro viaje, que sinceramente, y como podréis comprobar en la segunda jornada de nuestro viaje, también encuentra su reflejo en la propia capital, seguro con menor intensidad, pero suficiente para ponernos en situación sobre unos hechos, cuya duración alcanza prácticamente nuestros días, con un recorrido de algo más de un siglo.
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Justamente, son esas dos jornadas las que pasamos a relataros, con el habitual tono distendido, e intentando siempre transmitiros un poco del entusiasmo vivido en tan particular travesía.
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DÍA 1: UN VIAJE POR LA IRLANDA MÁS INDÓMITA Y REMOTA, EL PUENTE DE CUERDAS, UN PAR DE CASTILLOS, Y NUESTRO ALIEN, CORONANDO LA MAJESTUOSA CALZADA DE LOS GIGANTES.
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Es difícil pensar que nadie en su sano juicio viaje a Belfast por placer, y no pretenda viajar al norte del país, entre sus interminables acantilados, en un viaje de algo más de hora y media, se encuentran sus mas valiosos tesoros naturales, a los que conviene acceder contratando un tour en bus, desde la propia recepción de cualquier hotel, ya que es bastante desaconsejable conducir en un país donde todo va al revés.
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Tras tomar un desayuno típicamente británico, con sus huevos revueltos, sus tostadas y su bacon, nos encaminamos a escasos metros de la estación, para tomar el autobús con destino a la aventura, y en apenas diez minutos, alcanzamos la primera parada del recorrido, que nos acerca al CASTILLO DE CARRICKFERGUS, un bastión portuario, cerrado al público, y dominado por la estatua de William III (1650-1702), Rey de Inglaterra, Escocia, e Irlanda, símbolo del norte y de los pro-británicos, en su deseo histórico de permanencia al Reino Unido.
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Regresamos a la carretera, en esta ocasión para viajar algo más de una hora, por un paisaje verde y de acantilados de verdadero ensueño, hasta la zona del CARRICK-A-REDE, o Puente de Cuerdas, una atracción que recibe algo más de 250.000 visitas al año, y que básicamente, consiste en atravesar dos acantilados cercanos, en una experiencia algo arriesgada, que puede encontrarse cerrada si el viento desaconseja dicha actividad. Por suerte, nos hemos encontrado con un fin de semana óptimo en lo climático, que no impide que disfrutemos de uno de esos momentos únicos que contiene La Irlanda más mágica, y cuya existencia se debe a que la zona, supone uno de los mejores lugares para la pesca del salmón, extendida durante algo más de 250 años en dicha región.
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Nos encontramos a unas siete millas de nuestro verdadero objetivo, pero se acerca la hora de almorzar, y nos detenemos en la DESTILERÍA DE BUSHMILLS, que desde 1608, proporciona gran parte del Whisky que se consume en gran parte del Reino Unido. Sin tiempo para efectuar una visita a fondo, accedemos a su restaurante, lugar idóneo donde poder acceder de primera mano, a los alimentos típicos del país, cuya cocina se sujeta desde una irrenunciable pirámide de productos básicos, en los que la patata, los diferentes tipos de carne de cerdo, oveja y ternera, la manzana para elaborar tartas, y la cerveza, junto al mencionado whisky, constituyen el verdadero tesoro culinario del trébol verde.
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Con la barriga llena, hacemos un breve alto para contemplar las ruinas del CASTILLO DE DUNLUCE, construido en el Siglo XII, y cuyo deterioro comenzó en el Siglo XVI, cuando un galeón de la armada española, El Girona, se estrello contra las rocas tras una espantosa tormenta, provocando graves daños al edificio.
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Finalmente, alcanzamos la meta de nuestro recorrido, y por ende, de todo el viaje, contemplar e interactuar sobre la majestuosa CALZADA DE LOS GIGANTES, es algo que todo el mundo debería hacer al menos una vez en la vida, entre sus aproximadamente 40.000 columnas de basalto, provenientes del enfriamiento rápido de la lava en un cráter, ocurrido hace unos 60 millones de años, uno tiene la sensación de encontrarse ante una de esas maravillas de la naturaleza, capaces de dejar boquiabierto a cualquiera que se acerque a este pedacito de la Costa Nororiental Irlandesa.
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Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1986, – fue descubierta en 1693 – la leyenda que acompaña y que da nombre al lugar, versa sobre la enemistad de dos gigantes, el irlandés Finn, y el escocés Bennandoner, que continuamente se lanzaban rocas, las cuales formaron un campo de piedras sobre el mar. Aprovechando dicha alfombra, el escocés decidió cruzar para derrotar a su adversario, pero la mujer de Finn, percatándose de la llegada de este, decidió disfrazar a su marido de bebé, lo que provocó la huida de Bennandoner, que pensó que si ese era el tamaño del hijo, el padre debía al menos ser tres veces más grande. En su retirada, se cercioró de pisar muy fuerte las rocas para asegurarse que se hundieran en el mar, y el otro gigante no pudiera llegar nunca a Escocia.
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Ni corto ni perezoso, alentados por tan épica historia, a pesar del viento helado, y como ya viene siendo una tradición en nuestra bendita firma, El Alien viajero, estampado en la camiseta de manga corta de Fusion Freak, el mismo que visitó El Vaticano y Copenhague, emerge sobre la montaña de columnas más cercana al acantilado, la cual escalamos para inmortalizar tan deseado momento.
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DÍA 2: BELFAST CITY, BESANDO EL PEZ, INDAGANDO SOBRE EL TITANIC, MÁXIMO RESPETO EN EL BARRIO DE LA RESISTENCIA PRO-BRITÁNICA, Y UN CASTILLO EN LONTANANZA.
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Llegó el momento, tras haber completado la oferta natural, de prestar atención a Belfast, una ciudad pequeña pero con mucho encanto, que esconde algún que otro tesoro oculto, alejado del ajetreo del bullicioso centro, que con la cercanía de La Navidad, incrementa su actividad con los habituales puestos navideños, que ofrecen toda clase de alimentos y baratijas varias, bajo la atenta mirada del AYUNTAMIENTO de la capital, un edificio señorial que en su interior, alberga un enorme árbol de navidad, así como varias vitrinas, que exponen el pasado administrativo de la ciudad.
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Tras una noche de sábado regada por litros de alcohol, a Belfast le cuesta mucho desperezarse, tal es así, que nuestra visita, sobre las 09:00, al MERCADO DE SAN JORGE, resulta del todo decepcionante, ya que la mayoría de puestos se encuentran cerrados, o preparando su posterior apertura. Sin encontrar un sitio decente para desayunar, volvemos a la órbita del consistorio, y disfrutamos de un desayuno inglés espectacular, con huevos fritos, varias mermeladas caseras de diversos sabores, chocolate caliente, bacon, tostadas y croissant recién horneado, que hace las delicias de nuestro paladar pese al coste elevado.
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Dirigimos nuestros pasos a escasos cinco minutos, para encontrar uno de los símbolos de la ciudad, el ALBERT MEMORIAL CLOCK, terminado en 1869, una torre-reloj que bien parece una copia bastarda del Big Ben, solo que a menor escala. Justo a su espalda, a escasos metros, se encuentra otro símbolo, que requiere de un ritual más elaborado para el visitante.
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Hablamos del BIG FISH, una escultura fabricada con mosaicos de cerámica, que a pesar de su corta edad, data de 1999, ha conseguido hacerse un hueco en el corazón de ciudadanos y visitantes, gracias a la leyenda que anima a besar al pez en la boca, incluso meter la lengua, para obtener toda su sabiduría. Volvemos a desvestirnos para iniciar el cortejo con nuestro Alien de testigo, y completamos íntegramente la operación, con la esperanza de intensificar en parte, nuestra limitada inteligencia.
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Cercanos a la zona portuaria, nos encaminamos al MUSEO DEL TITANIC, no sin antes rastrear las huellas de lo que en otra época fue el astillero más importante del mundo, Harland and Wolff, que aún conserva el Nomadic, un barco de bandera francesa, construido igualmente por la Morning Star Co., presidiendo en un dique, la entrada a un edificio cúbico de reciente construcción, que ofrece un tour por la construcción parcial del buque cementerio más famoso de la historia.
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Es la hora de poner rumbo al BARRIO DE SHANKILL ROAD, feudo unionista donde se puede rastrear, a través de diversos y coloridos murales, el pasado de resistencia y sumisión al Imperio Británico, que los rebeldes del IRA intentaron minar durante décadas, en su búsqueda por recuperar el norte del control inglés.
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Un lugar en el que se debe caminar con el máximo respeto, tanto, que la mayoría de visitantes acuden a él a bordo de taxis piratas, decorados con motivos agresivos. Nosotros lo recorremos a pie con sumo cuidado, rastreando cada imagen y lema con sorpresa, incluido el que versa: “Orgullosos de haber expulsado a todos los católicos de la zona”, insertado entre innumerables fotos de fallecidos en el conflicto a lo largo de los años, y el mural homenaje al Rey William III, que no podía faltar como icono histórico de los pro-británicos.
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Dejando a un lado toda consideración política, la última etapa de nuestro viaje nos espera, algo alejado del centro, se encuentra el CASTILLO DE BELFAST, escondido entre la frondosidad de un pequeño bosque, que alberga en su interior este coqueto edificio, construido en La Colina de Cave Hill, en 1870, del que cabe destacar su pequeño jardín, con unas vistas de Belfast, que se encuentra situada a unos 6’5 kilómetros, realmente espectaculares, y la presencia del gato como animal protector en diferentes mosaicos, que genera la leyenda del lugar, que dice que ningún propietario podía obtener la felicidad, sin tener como mascota un felino blanco viviendo entre los muros del mismo.
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“Pro Tanto Quid Retribuamos”, (“Lo que debemos dar a cambio de mucho”, o “Habiendo recibido tanto, debemos devolver, compensar”) este es el lema de la ciudad de Belfast, esa misma que un día Jonathan Swift tomó como inspiración, al verla rodeada de montañas, como si de gigantes dormidos protectores se tratará, para aquellos legendarios Viajes de Gulliver, un concepto romántico que esperamos haber capturado en parte con esta líneas, animándoos a descubrir un lugar mágico, en el que los duendes verdes tienen menor cabida que en su vecino del sur, pero al que no faltan leyendas con las que disfrutar de sus incontables ofertas de aventura natural y urbana.
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Finalmente, como despedida, agradecer a mis acompañantes el haber sido tan buenos compañeros de viaje, mi fiel Siom, y los niños que aportamos a la relación, Cristian, Anna Sophia y Ángel Manuel, siempre dispuestos a hacer de improvisados fotógrafos, y a pesar de las distancias, sin preguntar demasiado “cuanto falta”, algo que siempre lo hace todo un poquito más fácil, en ésta, nuestra primera  travesía en familia.

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