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Reseña Estación Once, de Emily St. John Mandel (Kailas Editorial, 2015)

Una reseña de Francisco José Arcos Serrano

Un inesperado virus mortal acaba con la humanidad tal y como la conocemos: ya no quedan trenes que unan los lugares, ni internet que nos permita conocer el mundo, ni siquiera ciudades en las que vivir, solo quedan asentamientos hostiles al visitante ocasional.

En este desolador panorama un pequeño grupo de actores y músicos tienen una iniciativa sorprendente: crear la Sinfonía Viajera, con el fin de mantener vivo un resquicio de humanidad. Pero en este libro nada es fácil y pronto este rescoldo de civilización también se verá amenazado por un violento profeta.

De todas las novelas de corte apocalíptico que han pasado por mis manos (y no han sido pocas, os lo aseguro…), Estación Once es de las que más me han gustado, incluso me atrevería a decir que se trata de una de las mejores historias que he leído durante el pasado año.

Hay que advertir desde el principio que este libro no es un texto al uso, sino que aúna complejidad durante su desarrollo (la novela tiene dos líneas temporales) convirtiéndola por tanto en una lectura muy diferente a lo que estamos acostumbrados, y justamente por eso, ya merece la atención de cualquier lector que le gusta que le sorprendan de manera satisfactoria.

La Estación Once que da nombre al libro se repite con frecuencia durante estas páginas, otorgándole un protagonismo que tendréis que desvelar por vosotros mismos: sólo decir que me ha encantado el punto de partida de la génesis de ese concepto que sobrevuela prácticamente toda la narración.

Emily Mandel ha escrito esa clase de obra que nos sumerge sin esfuerzo en un mundo muy cercano que ha sido devastado por una terrible enfermedad donde prima por encima de todo un relato coral, presentándonos el día a día de una compañía de teatro especializada en representar obras clásicas, mientras atraviesan los devastados restos y sobreviviendo como pueden a este colapso de la civilización.

A pesar de que estamos ante una novela distópica (con la gran carga de pesimismo que suelen arrastrar), la escritora logra un mensaje esperanzador y optimista: característica que diferencia a esta historia de otras obras de corte similar.

En definitiva: Estación Once se postula con méritos propios como una de las mejores novelas del ejercicio del 2015, donde encontramos una lectura absorbente, lúcida y reflexiva que nadie debería perderse.

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