Reseña BALAS PERDIDAS 5: Hazañas y travesuras, de David Lapham (La Cúpula, 2018)

Una reseña de FJ Arcos Serrano

Corren los años 80. Virginia Applejack ha estado en el infierno y ha vuelto… al infierno. En Baltimore. Donde reside la histérica de su madre. Donde asistirá a una escuela sin ley en la que dos bandas rivales viven enzarzadas en un juego de supremacía. Pero Virginia sabe cómo hacerse respetar. Sabe incluso hacerse temer. Los métodos de Virginia son efectivos, tal vez por eso la escalada de violencia a su alrededor cobra velocidad por momentos. También hay que tener en cuenta el ingreso de un nuevo alumno de pasado turbulento y la mirada psicótica de un asesino aficionado a la mutilación conocido como “El dedos”…

Se ha hecho de rogar, pero ya por fin podemos disfrutar de un nuevo tomo de Balas Perdidas, la mítica serie de David Lapham, que para servidor es una auténtica obra maestra de la literatura criminal en viñetas.

Aprovecho esta reseña para recordar que La Cúpula está reeditando en unos bonitos tomos en rústica la serie al completo, así que desde aquí recomiendo fervientemente esta nueva edición para poder hacerte de la mejor manera posible con este magnífico material.

La primera sorpresa que nos encontramos al abrir el tomo es la aparición de Virginia Applejack, protagonista absoluta de estas casi 300 páginas, la cual se adentra en una nueva ola de violencia al volver a su Baltimore natal. Recordemos que se trata de una niña de armas tomar que sueña con sobreponerse a su violento entorno familiar y social, convirtiéndose así en un enemigo público número uno, o parafraseando al propio nombre de la serie, en una “bala perdida”.

Aquí se nos estructura la historia como un noir modélico ambientado casi en su totalidad en un instituto sin ley donde las palizas y la violencia están a la orden del día.

Lapham vuelve a su ya clásica diagramación de página, con el consabido 4×2, lo que otorga a la narración un ritmo muy cinematográfico, avanzando así la historia sin apenas darte cuenta, detalle que es una de las grandes virtudes del autor.

No podemos pasar por alto que su dibujo cada vez es más personal, notándose aún dejes del Frank Miller de los 90, pero alcanzando ya una madurez total como autor completo (ejemplos como esas escenas que se desarrollan bajo la lluvia torrencial o ese capítulo visto a través del padre de uno de los protagonistas –con sonotone de por medio- así lo atestiguan).

He aprovechado para repasar los tomos anteriores y sigo enamorado de la forma que tiene el autor de describirnos momentos épicos rodeados a su vez de una potencia fuera de lo común, con lo que vuelvo a afirmar de que esta cabecera se convertirá con los años en un verdadero clásico (si no lo es ya a estas alturas…).

Cada historia es una pieza de un rompecabezas que, visto desde una perspectiva de conjunto, retrata un mundo particular en el que todos esos personajes conviven inmersos en una trama general que rige el destino de todos ellos.

En definitiva: Balas Perdidas sigue siendo un ejemplo de guión modélico que todo aficionado al noveno arte debe leer sí o sí.

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