La realidad y el deseo

Hace algunos años éramos pocos los que, en un ejercicio de egocentrismo y autosatisfacción, nos atrevíamos a publicar en las redes sociales nuestra opinión sobre los últimos estrenos cinematográficos o televisivos. Se trataban de textos frescos, plagados de erratas y con conclusiones un tanto confusas y controvertidas. Los escasos lectores que nos leían plagaban las redes de comentarios respetuosos o exageradas alabanzas que nos daban ganas de continuar escribiendo y sembrar nuestro gusto por series o películas desconocidas.

Algunos pululamos por distintas publicaciones digitales donde nos enfrentamos a la censura de los jefes de redacción que nos impedían expresar nuestra opinión sobre un determinado tema pues equivaldría a la eliminación de publicidad con la que mantener el sitio web. Los tiempos pasaron y, en mi caso, también me enfrenté a diferentes tesituras en las que debía mantener mi opinión sobre un juego, cómic o película o recibir una bronca por parte del webmaster. Abandoné mi trabajo en muchas webs por no entender esta postura. Un trabajo que pocos entendéis que es gratuito, no subvencionado y que se basa solamente en una cosa: el amor por el mundo friki.

Afortunadamente, esta web de la que formo parte respeta mi opinión y sabe que, por supuesto desde el respeto, siempre diré lo que crea conveniente, pese a quien pese. Pero, actualmente, los redactores nos enfrentamos a otra censura más radical y punitiva: los propios lectores. No se trata de que el lector nos dé la razón por el mero hecho de leer nuestros comentarios sino que, amparándose en la oscuridad de la red, lanza improperios o degrada nuestro (gratuito) trabajo. Sin duda, podríamos hacer mejor nuestra labor o dar una opinión que empatice con la del lector pero, lamentablemente, no somos así.

Coincidiendo con los estrenos más esperados de la temporada, llámese Star Wars VII, Batman v Superman o Captain America: Civil War, los lectores aprovechan para desarrollar su imaginación y crear los insultos más soeces con los que ensuciar nuestra opinión. Algo deberemos estar haciendo bien al dar nuestra opinión personal y no plegarnos a la de la mayoría. Si pensamos que una película es buena, no dudéis que lo diremos y, si por el contrario, es mala lo diremos sin tapujos. La realidad, lo que vemos en pantalla, choca, muchas veces, visceralmente con el deseo del espectador y creo que como redactores, pocos somos periodistas pero no dudéis que algunos lo son, tenemos la obligación de decir lo que para nosotros es la verdad.

Este hecho se repite en nuestra nueva aventura. Estamos montando eventos a lo largo y ancho de la península. Sabemos que tenemos muchos fallos, pero también aciertos, y que muchos nos copian, incluso de la manera más vulgar e incómoda. Algo estaremos haciendo bien.

Debéis saber que mientras estéis ahí, en ese lado detrás de la pantalla o participando en nuestros eventos, nosotros estaremos aquí.

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