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Critica: No culpes al Karma de lo que te pasa por gilipollas

Me he metido a ver una comedia romanticona y me ha gustado. Yo que soy un machote me puedo poner camisas rosas y ver pelis de estas sin que mi aura de virilidad se resienta. Tu igual no, estas avisado.

Nos sumergimos en un ambiente modernito, de clase media tirando a bien. La protagonista, Sara (Verónica Echegui), es propietaria de un diminuto negocio, de esos que no se emprenden por que vayan a funcionar, sino porque hay que dejar a los chicos que hagan lo que les gusta.

Sara, recuerda con nostalgia a su amor del instituto. Aun así, es feliz con su novio que es un buen tío y le da sexo de forma relativamente satisfactoria.

El follón se arma el día que su casa se llena de personajes de sainete neocostumbrista: Su padre cornudo despechado, su hermana que es una fresca, un guiri despistao, y el chico del que estaba enamorada en el instituto… que ahora va a casarse con su hermana (con la fresca que decíamos).

Es una historia sencilla, la trama sirve para presentar una serie de situaciones de pareja. La película tiene escenas absurdas más o menos risibles pero, y esto es lo bueno, también tiene momentos de gran realismo, situaciones que hemos vivido y nos han parecido muy logradas. No digo que la película en su conjunto sea un derroche de realismo, si lo fuese tendríamos un drama. Son fotos de la vida real mezcladas con otras más pintorescas formando una historia graciosa y bobalicona.

La cinta también trae una especie de enseñanza vital, sacada de un libro de autoayuda, que no terminamos de encajar con nuestro paradigma de la realidad. Pero que vaya usted a saber si al público objetivo le pueda resultar absolutamente revelador.

Es todo muy pop, la ropa, los peinados, las decoraciones. De vez en cuando les da por ser horteras; Pajaritas de plumas, un hombre que se deja vestir con un tocado de plumas, lenguaje pseudopsicoanalítico. Estas transgresiones son completamente intencionadas y no llegan a ser cargantes. De todas formas nada hay más ridículo que los problemas de la clase media.

Hemos disfrutado la película, pero nos han estorbado un poco los roles de género, demasiado convencionales. Ahí está el hombre triunfador y guapo que ojalá venga y me saque de la ruina y del aburrimiento, porque es valiente, seguro, fuerte y exitoso.

¿Por qué no una protagonista que se basta a sí misma? Que se puede unir si le apetece a un hombre, no porque eso sea su finalidad en la vida, sino porque le da la gana. Dame una Belit Reina de la Costa Negra comandando a Conan, dame una Ripley inmolándose por el bien de la humanidad, y llévate a la pardilla esta de Sara que hay que estar todo el día tirando de ella.

La interpretación de Verónica Echegui me ha molado mucho; por un argot “modernita de Malasaña” clavado y una actitud de mema extremadamente creíble. No ha tenido momentos de pasión desgarradora en los que lucirse, pero si momentos de pantomima loca que, oye también tienen su intríngulis.

De hecho hay un momento frenético de sexo y verduras, que nos ha resultado completamente desternillante y pronosticamos que va a ser muy comentado. Salvando esta escena, es una comedia muy dirigida a mujeres, es todo muy femenino, muy plumífero. Las risas que se escuchaban en la sala eran mayormente femeninas. Los hombres disimulábamos la eventual carcajada con una tosecilla, como a quien se le cae un pedo.

Es la peli perfecta para una noche de chicas.

Por Antonio Fernandez.

 

 

 

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