survival zombie

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Crítica: Absolutamente todo

 

 

Título original: Absolutely Anything.

Estreno en España: 13 de mayo de 2016.

Duración: 85 min.

País: Gran Bretaña.

Director: Terry Jones.

Guión: Terry Jones y Gavin Scott.

Reparto principal:  Simon Pegg, Kate Beckinsale, Robin Williams.

Producción: Bill & Ben Productions.

Distribución: Wanda Vision.

Género: Comedia, Ciencia Ficción.

 

Sinopsis

Para decidir si la especie humana merece o no ser destruida, un consejo de poderosísimos alienígenas deciden otorgar  a alguien al azar poderes divinos y observar qué hace con ellos. El elegido resultará ser Neil, un profesor de instituto con una vida gris que está enamorado en secreto de su vecina Catherine, y que sin saberlo será el objeto de estudio que determine la catadura moral y destino de la humanidad.

 

Crítica

Hacía veinte años que Terry Jones no dirigía una película, y parece ser que el guion de esta de la que les vamos a hablar hoy le venía rondando desde entonces. Tomando como inspiración la idea básica de un relato corto de H. G. Wells, el director de la aclamada La vida de Brian y el guionista Gavin Scott fueron puliendo durante dos décadas Absolutamente todo, hasta que finalmente el proyecto fue estrenado en el Reino Unido en 2015. ¿El resultado? Simpático pero mediocre, me temo.

Vayamos por partes; primero, las buenas. Simon Pegg, al que siempre recordaremos por Zombies Party, está magnífico en su papel. Kate Beckinsale hace lo que puede con el suyo, al que parece que para mantener una mínima decencia han dotado de una subtrama que podría haber sido interesante… de haber sido desarrollada. Pero lamentablemente esta se queda tan solo en maquillaje para que no quede muy soso el término “interés romántico” o directamente que no cante mucho el de “bellísima mujer florero” del material con el que tiene que trabajar la actriz. Robin Williams puso voz aquí a un simpático perrete al que las omnipotentes capacidades del protagonista dotan de habla. Y claro, en caso de que vean ustedes la película en versión original (cosa que aunque me arriesgue ser llamado gafapastas siempre recomiendo) podrán ustedes disfrutar de la última actuación que grabó este genio antes de trágicamente poner fin a su vida. En los títulos de créditos finales se han incluido algunas escenas de las grabaciones de Williams para este papel, donde podemos apreciar aún más su talla y entrega interpretativa. Las criaturas generadas por CGI que representan al Consejo Alienígena que está valorando si extinguir o no nuestra especie son maravillosas, diseños extravagantes que parecen más propios de los dibujos animados, pero que encajan a la perfección con la idiosincrasia de los seres a los que ponen voces nada menos que los antiguos compañeros de Terry Jones en los míticos Monty Python. También encontramos abundantes gags muy graciosos, algunos escatológicos, muchos tremendamente imaginativos, como por ejemplo quién de entre todos los pobladores de La Tierra está a punto de recibir la omnipotencia en esa lotería cósmica antes de Neil.

Y sin embargo todo resulta algo deslavazado, como no sabiendo a donde se quiere ir una vez expuesta la premisa. La calidad de los gags (la inmensa mayoría recuerdan a chistes del tipo “un tío se encuentra la lámpara de Aladino y…”) tampoco justifica que el meollo de la película sea la acumulación de estos. Y la comedia romántica y de enredos subyacente, pues tampoco es que nos diga nada del otro jueves. Es tentador también caer en acusar al filme de que no aprovecha las inmensas posibilidades que le brinda esta premisa y se sale por la tangente, pero lo cierto es que tampoco sería justo: ése es precisamente el postulado de Jones, que somos tan mediocres como especie que si alguien obtuviese el poder de Dios, probablemente no haría nada trascendente con él, sino que se limitaría a tratar de parchear sus miserias personales. Y que luego, cuando por aburrimiento o mala conciencia se pusiese con cosas más grandes,  fallaría miserablemente aunque tuviese, claro, Absolutamente todo a su disposición. Neil, el personaje de Simon Pegg, es mediocre, corto de miras y mezquino porque ha sido elegido bien y de forma representativa de entre todos los hombres. No somos ni buenos ni malos: somos ridículos. Es solo el absurdo de la existencia, el perro parlante, el que salva la situación en última instancia.

En fin, que a pesar de esa mezcolanza entre nihilismo y a pesar de todo entrañable visión del mundo que Jones nos ofrece, aunque la película es correcta, dista años luz de La Vida de Brian, tanto en esclarecedora irreverencia como en surrealismo y genuino disfrute. Tal vez era pedir demasiado.

 

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