Crítica a ‘Vengadores: Infinity War’. La Involución de la fase REM.

Uno empieza a no saber, tras haber descubierto la existencia de fases en el reconocible universo Marvel, en que estado se encuentra con respeto a la cascada de títulos que la productora ha generado en los últimos años, seguramente muchos habrán encontrado signos de agotamiento durante tan largo proceso, que si bien no han entrado aún en fase terminal, amenaza con acabar con la paciencia de todos aquellos, que como un servidor, empiezan a estar desbordados con la cantidad de información que somos incapaces de hilar o retener.

Dice Steven Spielberg que todo esto de los superhéroes acabará por perder intensidad, justo cuando su ‘Ready Player One’ parece abrir una nueva vía para el cine de recreo, y seguramente tenga razón, ya que cualquier etiqueta acaba por convertirse con el tiempo, en mayor o menor medida, en una moda pasajera, por mucho que Marvel, y es de justicia reconocerlo, haya sido capaz de encontrar un envidiable equilibrio en la calidad de sus producciones.

A los mandos de tan apabullante proyecto, se encuentran los hermanos Anthony y Joe Russo, una pareja de realizadores idealizada, que ha dado los mejores resultados recientes a la franquicia, y de los que cabe destacar un sobrado entusiasmo hacia el material que se les brinda, con especial dedicación a un interesante enfoque dramático sumido en el caos, el mismo que envuelve al montaje de un trabajo sujetado por el exceso, dentro de ese esperado y continuo torrente de escenas de acción que configuran la cinta.

Resulta imposible pasar por alto, que todo esto culmina con la unión de varios itinerarios argumentales pasados, que confluyen en un mismo punto, provocando el concurso de un reparto insondable, que hace de esta Guerra del Infinito, una reunión de estrellas y caras conocidas como pocas veces ha visto el cine reciente, lo que sin duda supone, otro buen motivo para apostar por el film.

En la misma linea, y como versaba ‘Adaptation’, aquella obra maestra surgida de la prodigiosa mente de Charlie Kaufman, si hay que ganarse al público con el final, resulta también bastante indudable que al menos ese aspecto, conseguirá mantenerse vivo en la memoria colectiva, esquivando el efecto ‘pompa de jabón’, tan propio del cine decibélico y aplicable a este tipo de productos, esto es, la concatenación de momentos tan deslumbrantes como vacíos de contenido.

Como aviso, y teniendo en cuenta que un servidor tiene su entrada reservada desde hace un mes, la recomendación es que ignoréis cualquier factor en contra, y simplemente, acudáis a verla de la forma más despreocupada, porque en el fondo de eso se trata, de disfrutar de tan magno espectáculo pasando por alto una serie de defectos, inherentes a cualquier vehículo de fantasía fabricado a tal efecto.

Por último, y volviendo al origen de estas lineas, creo que andamos por la fase tres, algo que aplicado a los periodos de sueño, se sitúa en un terreno denominado ‘No REM’, y se conoce como ciclo de transición hacia un nivel cinco de inconsciencia profundo, ese en el que comenzamos a soñar, y todo eso es, precisamente, la impresión que da Marvel, la de haber quemado etapas de forma excesivamente acelerada, provocando cierta involución en dicho proceso, y una evidente saturación en su cuidado imaginario, algo que puede llevarnos a pensar, pese a lo memorable de algunos momentos, el haber llegado a la meta de forma casi definitiva, lo que nos devuelve a la sentencia del maestro Spielberg, que seguramente, y más pronto que tarde, habremos despertado a otra realidad preferente en el cine de máximo entretenimiento.

 

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