Crítica a ‘Un Lugar Tranquilo’: The Last of Us.

Mucho le debe a la revitalización del género de suspense y sustos varios, la llegada al universo cinematográfico de la Blumhouse, productora asociada a la Universal, y creada a principios del nuevo milenio como subdivisión de asuntos terroríficos, que ayudara en parte, a no empañar el recuerdo de aquellas míticas criaturas en blanco y negro del cine clásico.

Tras el rotundo éxito cosechado, Oscar tan inmerecido como importante incluido, muchas son las firmas que se adscriben a la fórmula de dicha factoría, cuyo principal decálogo es trabajar siempre con un presupuesto mínimo, que en ningún caso, debe sobrepasar los 10 millones de dólares, potenciando así su enorme éxito comercial una vez se miden los resultados en taquilla.

Con la clara intención de competir en dicho terreno, el actor y director John Krasinski toma prestada dicha fórmula, y con el dinero de otra productora no menos mítica, la señorial Paramount Pictures, se embarca en un proyecto personal para el que ha implicado a su pareja en la vida real, la actriz Emily Blunt, abrazando un aspecto familiar adecuado, y muy justificado cuando se cuenta con una economía más bien precaria en los medios de producción.

En base a un guión perfilado por el propio Krasinski, el film recorre con meridiana habilidad, una serie de lugares comunes del cine de entretenimiento, culminando un potente ejercicio de estilo, que pulsiona los mecanismos del horror con algún momento verdaderamente sobrecogedor, gracias en parte a un brillante trabajo de sonido, elemento fundamental sobre un escenario en el que el silencio cobra una importancia capital.

En la memoria, y cada vez más cerca de la calidad cinematográfica, el mundo del videojuego se encuentra muy presente en este lugar tranquilo, los ecos del mítico ‘The Last of Us’, con su trasfondo post apocalíptico, la relación paterno filial entre sus personajes, sumados a su enorme parecido físico, y el imborrable sonido de sus chasqueadores, diseñados aquí en una linea igual de contundente, encajan en la cinta de manera destacada, evocando un inevitable recuerdo entre ambas obras.

En el reparto, y volviendo a señalar la evidente química entre Krasinski y Blunt, destaca el trabajo de sus actores más jóvenes, con especial atención a Millicent Simmonds, una promesa de quince años, con apenas dos películas a sus espaldas, que se muestra como todo un prodigio de expresividad y contención.

Finalmente, y sin ser un reproche rotundo, se echa en falta un mejor desarrollo de ese concepto apocalíptico antes mencionado, el realizador escoge la vía rural y minimalista para potenciar el drama, lo cual sirve para intensificar unos momentos de tensión muy logrados, que seguro harán las delicias de los aficionados al mejor cine de Serie B, y pese a que muchos interrogantes se queden en el aire, hay que reconocer las virtudes de un trabajo sencillo y rotundo, que indudablemente, se las apañará para quedar impreso a largo plazo en la memoria colectiva.

 

Etiquetas

You may also like...