Crítica a “Trumbo: La Lista Negra de Hollywood”

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  • Ficha Técnica

– Título Original: Trumbo

– Año: 2015

– Director: Jay Roach

– Guión: John McNamara

– Fotografía: Jim Denault

– Música: Theodore Shapiro

– Reparto: Bryan Cranston, Diane Lane, John Goodman, Elle Fanning, Hellen Mirren, Michael Stuhlbarg, Toby Nichols.

– Género: Drama, Biografía, Metacine

  •  Sinopsis: Biopic centrado en la vida de Dalton Trumbo, uno de los mejores guionistas del Hollywood clásico, responsable de películas como “Vacaciones en Roma”, que fue acusado de comunista, junto a un grupo de compañeros, por el Comité de Actividades Antiamericanas a finales de los años 40, con el consecuente perjuicio a su imagen y a su propia vida personal.

 

Crítica:

Generalmente, la primera imagen que nos suele venir a la cabeza al hablar de un héroe, suele estar relacionada con algún icono más propio de la fantasía, sobre todo cuando nos situamos en esa órbita perfecta que suele representar La Meca del Cine, incesante fabrica de sueños, diseñada para mostrar las más idealizadas aventuras, dentro de un contexto que apenas permite fisuras en su discurso sobrado de grandilocuencia.

Con la clara intención de cerrar uno de los capítulos más vergonzosos de la historia de Hollywood, nada mejor para ello, que recurrir a la figura del guionista Dalton Trumbo, una de las víctimas más celebres de aquella caza de brujas ideológica, que supuso el infecto Comité de Actividades Antiamericanas, presidida por el Senador McCarthy, curiosamente activo en la época más dorada de la cinematografía yankee, entre mediados de los años cuarenta y finales de los cincuenta del siglo pasado.

El poder de la historia por encima de cualquier elemento, si algo caracteriza a una película, esto es sin duda su argumento, lo que explica la obsesión de los sectores más conservadores, por atacar a ese grupo de autores, cuyo concepto romántico del comunismo, más teórico que práctico, acabo por señalarles, e incluso condenarles a privación de libertad, en lo que por entonces se consideró una limpieza moral de los contenidos expuestos al pueblo americano.

En ese punto, el guión de John McNamara respira cinefilia por los cuatro costados, se palpa la responsabilidad que supone acercarse a un tótem de la escritura en el cine tan relevante, y la lucha por preservar, e incluso mantener en la sombra tan particular estilo, algo que por desgracia, no encuentra un reflejo adecuado en la dirección, a cargo de Jay Roach, responsable entre otras de las películas de Austin Powers, un realizador excesivamente frívolo, que por desgracia, no sabe dotar al film de un acabado dramático realmente convincente.

Al rescate, emerge la sobresaliente figura de Bryan Cranston, para dotar de humanidad y elocuencia a un Dalton Trumbo cercano, que incluso en sus horas más bajas, mantiene su particular lucha por la dignidad colectiva de su gremio, al tiempo que intenta sostener la unidad de su propio núcleo familiar. Acompañan a Cranston un buen puñado de actores de nivel como Diane Lane, John Goodman, Helen Mirren, Michael Stuhlbarg, y una joven, pero muy prometedora Elle Fanning, asumiendo el papel de hija mayor del protagonista, con adecuada intensidad y contención.

El desfile de celebridades, bien escogidos pero muy mal caracterizados, incluye a estrellas de la talla de John Wayne, Edward G. Robinson, o Kirk Douglas, y directores como Otto Preminger, lo que supone, para cualquier aficionado al séptimo arte, un cómodo viaje que permite disfrutar con el proceso creativo de obras como “Espartaco” (1960), o su reinvención previa en la “King Brothers”, modesta productora de Serie B, en la que incluso, y bajo seudónimo, consiguió ganar, con “El Bravo” (1956), su segundo Oscar al mejor guión original.

Para terminar, bastara con decir que la mera exposición de esta lista negra de Hollywood, supone una de esas historias que merece ser contada, aún asumiendo bastantes defectos de forma en el resultado final, la odisea de los conocidos como “Los Diez de Hollywood”, representa una verdadera acción heroica, que avisa de los peligros que plantea la falta de tolerancia y el derecho del individuo a escoger libremente su ideología, aspecto que debería asumirse como algo natural y sabido, en cualquier democracia que se precie.

 

 

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