Crítica a The Florida Project: Somewhere Over The Rainbow….

Hace ya algunos años, el maestro Alfred Hitchcock sentenció aquello tan celebre de “Nunca trabajes con animales, con niños, o con Charles Laughton”, no recuerdo exactamente, si antes o después de rodearse de un montón de pájaros, no todos mecánicos, para una de sus más celebres películas, situada en aquel tramo mágico para su filmografía, situado entre finales de la década de los 50, y mediados de los 60 del Siglo Pasado.

Una reflexión, que poco o nada tiene que ver con el espíritu independiente y profundamente libre de este Florida Project, salvo por el detalle de contener, como principal hallazgo, el prodigioso trabajo de sus menudos intérpretes, unos críos que apenas superan los 6 años, y de entre los que destaca el protagonismo Brooklynn Prince, a las que las presumibles trabas que suponen tan corta edad, no afectan lo más mínimo a la hora de ejecutar, con la máxima convicción, su entrañable y contundente personaje.

Como principal responsable, que además asume las tareas de guionista y montaje, se encuentra Sean Baker, un realizador contracorriente, bien motivado para mostrar la vida de los otros, y poner cara a esas minorías casi nunca representadas en el cine norteamericano, a través de títulos tan celebrados como Tangerine o Prince of Broadway, que ya mostraban ese gusto por capturar el aliento fatigado e infatigable de los más desfavorecidos.

Con notable habilidad, Baker conjuga un vibrante estilo narrativo y visual, con un eje de acción situado en el degradado Motel Magic Kingdom, regentado por un gran Willem Dafoe, lugar de paso para incautos turistas que buscan Disneylandia, y acaban atrapados en un entorno lúgubre, que por el día presenta un vistoso color morado, pero que en realidad esconde un interior agrietado con un creciente problema de chinches, lo que viene a ser Estados Unidos de América, un país que oculta, bajo las alas de su poderosa águila, y ese eslogan de supuesta libertad, un exceso de población marginal y necesitada de la que no parece poder o querer ocuparse.

Por contra, el cine indie suele requerir cierto esfuerzo para superar algunos baches de planteamiento, todo aquel que sea incapaz de desconectar del formato comercial, encontrará este proyecto como insoportable y soporífero, lo cual no es un reproche, solo un aviso a navegantes, que se debe apreciar siempre que alguien se acerca a este tipo de producciones.

Finalmente, es un placer cinéfilo dejarse atrapar por el marco colorido y entusiasta que presenta un film, que incluso en sus peores momentos dramáticos, sabe lanzarse, cámara de iphone en mano, a una carrera desesperada por no perder la fe y la inocencia, y que en ningún caso, se atreve a juzgar o ser autocomplaciente con sus personajes, lo cual, y teniendo en cuenta que estamos ante un metraje dominado por la presencia de esos niños con los que, como decía el maestro, nunca se debe trabajar, resulta del todo encomiable.

 

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