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Crítica a Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar. La Franquicia se mantiena flote.

Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín;
bajel pirata que llaman
por su bravura el Temido
en todo el mar conocido
del uno al otro confín.

No es ninguna sorpresa decir, que el momento actual cinematográfico vive de la nostalgia, mientras la década de los 80 va dejando paso a los 90 del Siglo pasado, algunos se atreven incluso a echar un vistazo al comienzo del nuevo milenio, buscando inspiración en su propia base de datos, que como si de Abstergo se tratara, saca a relucir su particular bandera negra, con el objetivo claro de volver a saquear las taquillas de todo el mundo.

Es así, que todo lo que sucede en esta Venganza de Salazar, suena ya a visto, incluso cuando rejuvenecen digitalmente a nuestro querido Jack Sparrow, todo suerte de un Johnny Depp entregado a sus chistes habituales, cuando no ejerce labores de saltimbanqui, la sorpresa queda difuminada en favor del puro entretenimiento, y la sensación de estar frente a un producto diseñado para perpetuar las mieles de un triunfo pasado, de casi 15 años de edad, que nunca de termina de abandonarnos.

Cierto que muchos dirán, no sin falta de razón, que no se puede exigir a la franquicia una mayor frescura tras cinco entregas, seguramente esa oportunidad se perdió con el cierre de la primera trilogía, lo que nos lleva a este otro pensamiento, que sería recomendable buscar un nuevo enfoque que aliviara el exceso de reiteración, una empresa complicada, ya que los fans solo esperan más de lo mismo, y eso, desgraciadamente, acaba por agotar aquel filón de moderada originalidad, que supuso la primera entrega.

Pese a ello, tanto Disney como Jerry Bruckheimer se han esforzado por entregar el timón a unos directores un tanto exóticos, los noruegos Joachim Rønning y Espen Sandberg, responsables de la estimable aventura marina Kon-Tiki (2012), y de la televisiva Marco Polo (2014), avales suficientes para aceptar entrar en el juego, por mucho que las cartas se encuentren ya prácticamente marcadas, desde mucho antes del comienzo del rodaje.

En los apartados técnicos, sorprende el abandono de Hans Zimmer a los mandos de la Banda Sonora, máxime cuando la composición de Geoff Zanelli, apenas aporta nada nuevo a un universo dominado por un tema principal tan reconocible, a los que igualmente, acompañan unos arreglos musicales predominantemente presentes en todas las producciones estrenadas hasta la fecha. En la misma linea, Dariusz Wolski deja la fotografía en manos de Paul Cameron, en este caso, sin ningún trauma aparente que reseñar en el transito entre profesionales.

Del reparto, celebrar la presencia de Geoffrey Rush, que mantiene el mejor aspecto y las formas de un verdadero pirata, elevando con sus gestos y su carisma el tono general de un grupo de actores entre los que se inserta, con el regreso puntual de ciertas estrellas de la franquicia, la presencia de un Javier Bardem siempre cumplidor, dando vida al Salazar del título, otro villano que añadir a la colección, tras sus exitosos trabajos, Oscar incluido, en ese dibujo casi impecable de personajes dominados por la maldad que suele frecuentar.

Justo antes de concluir, olviden todos los defectos mencionados, lo único realmente sincero, es que a todos, incluso a los más profanos, nos encanta Piratas del Caribe, quizá porque se produce muy poco cine de aventuras, y mucho menos con esta temática, nos gusta subirnos cada cierto tiempo a esta cuidada montaña rusa, que ofrece, en mayor o menor medida, ese sano divertimento que cualquier aficionado espera en el clásico Blockbuster de consumo.

Finalmente, cabe destacar el homenaje a José de Espronceda en las redes sociales, el pasado 23 de mayo se cumplió el 175 aniversario de su muerte, y resulta indudable que esa Canción del Pirata sirve para ilustrar a la perfección de que va todo esto, que reducido al mínimo exponente, transita desde la Perla Negra, hasta La Venganza de La Reina Anna, pasando por el Holandés Errante, y otra serie de embarcaciones, que completan, junto a maldiciones varias, mareas misteriosas, valiosos cofres del tesoro, viajes al fin del mundo, y un sinfín de venganzas, el verdadero espíritu de La Saga.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.

 

 

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