Crítica a ‘Isla de Perros’: El deslumbrante poema visual de Wes Anderson.

¿Quiénes somos?, ¿Quiénes queremos ser?….

Pocos realizadores existen en el cine contemporáneo, que puedan presumir de presentar un curriculum a la altura del talento del que el norteamericano Wes Anderson hace gala, como extraño rara avis de una industria que en un principio debería serle ajena, pero que por suerte, ha sabido reconocer su peculiar e indiscutible genialidad.

Con el prestigioso premio a mejor director en el pasado Festival de Berlín bajo el brazo, Anderson retoma una de sus pasiones fílmicas, ya expresada en 2010 con el estreno de ‘Fantastic Mr. Fox’, para presentar su nuevo trabajo, segunda incursión en el género de animación, que abraza, al igual que entonces, el deseado estilo Stop Motion como motor de una historia, que vuelve a tener al reino animal como fuente principal de inspiración.

Precisamente, y como primera buena noticia, el realizador ha sabido pulir los defectos de forma que presentaba Mr. Fox, desde la minuciosidad de la puesta en escena, enriquecida aquí gracias al paraíso marciano y decadente de un Japón distópico, con esa Isla de Perros que da nombre al título, como perfecto colofón de una apuesta que indudablemente, y pese a los habituales desvaríos marca de la casa, se configura mucho más compacta en el aspecto argumental.

A la altura de sus mejores obras, el film vuelve a encontrar ese envidiable equilibrio entre el pleno entusiasmo y la más profunda melancolía intelectual, dibujando una poderosa y convincente fábula sobre la igualdad, otra de las constantes en el cine de Anderson, y contemplando lo marginal como perfecta base, sobre la que construir un adecuado mensaje de sensibilización sobre el momento político, social y ecológico que nos ha tocado vivir, donde muchas de las especies autóctonas del planeta tierra se encuentran en grave peligro de extinción.

A todo ello hay que añadir, que la aventura que ofrecen sus cánidos protagonistas se disfruta de manera acompasada, mientras el deslumbrante aspecto visual se erige por encima de cualquier consideración técnica, explotando la influencia declarada hacia el cine del maestro Akira Kurosawa, presente en muchos de los planos y decisiones que Anderson, sin abandonar nunca su perfección simétrica, tiene a bien evocar, con la evidente complicidad de su habitual club de chicos listos, que entre otros, transita desde Roman Coppola y Jason Schwartzman, sus guionistas de confianza, pasando por el doblaje de Bill Murray o Edward Norton, actores que han trabajado previamente a sus órdenes, y llegando finalmente a la cuidada banda sonora, con su segundo Oscar aún caliente, del francés Alexandre Desplat.

Finalmente, ‘Isla de Perros’ añade otro brillante capítulo a la filmografía de un realizador diferente y sumamente original, sirve para enriquecer su incombustible imaginario, y se postula como un rotundo triunfo estético, consiguiendo aquello a lo que suele aspirar toda obra de ficción, que apenas se puedan poner reproches a su particular universo de fantasía.

 

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