Crítica a Call Me By Your Name: A la búsqueda de un público cómplice, en las antípodas de lo comercial.

Resulta imposible no sentir envidia de los directores italianos, desde hace ya bastantes décadas, han conseguido elevar el tono del celuloide europeo, gracias a un empuje basado en el mejor ímpetu, que ignora los convencionalismos y esa autoimpuesta censura, que parece dominar la mayoría de cinematografías a nivel planetario.

A principios de los 90 del Siglo Pasado, el británico James Ivory era sinónimo del Cine de Época de calidad, gracias a su concurso como director y guionista en películas tan destacadas como Regreso a Howard’s End o Lo que Queda del Día, éxitos de crítica y público, que no volvieron a encontrar reflejo, ni el mismo interés, en posteriores producciones.

Tras algunos años en letargo, Ivory, a sus 89 primaveras, ha unido esfuerzos con el italiano Luca Guadagnino, para adaptar la novela homónima de André Aciman, en un curioso encuentro, que salpica de pluralidad un trabajo por el que transitan varias lenguas, a través de unos personajes cultos, y un escenario estival situado en el Norte de Italia, ambientado en los años 80, una época denominada hoy como década prodigiosa, para toda una generación.

Como punto a favor, Guadagnino recurre a la calidez y a los tonos suaves de unas localizaciones muy bien escogidas, que tienen, como eje central, las cuatro paredes de una imponente villa, testigo de piedra mudo e ideal, sobre el que desarrollar la particular naturaleza viva anexa a dicho edificio, y sobre los que se mueven la inquietudes y los deseos de sus protagonistas.

Un film que cuida con gran mimo a sus personajes, pero que como suele ocurrir con este tipo de cine, de tan profundo y marcado carácter de autor, corre el riesgo de provocar cierta desconexión con el público, que seguro apreciará su valentía en la toma de decisiones, pero al que igualmente, y para la gran mayoría, puede suponer todo un esfuerzo, a la hora de penetrar en la psicología de un trabajo radicalmente aislado de cualquier consideración comercial.

En lo que habrá menos discusión, es en el triunfo de sus actores, con Timotheé Chalamet ha nacido una estrella, pocos interpretes podrán añadir a su filmografía, y apenas superada la mayoría de edad, un personaje tan convincente y bien matizado. Acompañan a Chalamet un quien te ha visto y quien te ve Armie Hammer, felizmente alejado de películas como Blancanieves o El Llanero Solitario, y la solidez de Michael Stuhlbarg, que completa el año como secundario de lujo en un buen número de producciones de nivel.

Finalmente, el compromiso cinéfilo obliga a recomendar un film, cuya exposición luminosa y honesta supone un hallazgo de valor incuestionable, la naturalidad con la que desarrolla sus argumentos, sin traumas y nunca renunciando a una sensual elegancia, debería ser tomada como referencia a la hora de afrontar la homosexualidad, un tema considerado aún hoy día como tabú, para una sociedad global que tristemente, y por lo general, prefiere cerrar los ojos ante una realidad innata a la propia condición de millones de seres humanos.

 

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