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Crítica a Blade Runner 2049, una secuela innecesaria.

El recorrido de la distopía en el Séptimo Arte, ese brillante y deseado subgénero de la Ciencia Ficción, quedo ineludiblemente marcado por el estreno de Blade Runner en 1982, un año curioso, en el que grandes obras como La Cosa del maestro John Carpenter, o el propio film de Ridley Scott, pasaron sin pena ni gloria por taquilla, o fueron acogidos con desprecio, por parte de una crítica especializada y un público, poco preparados para el carácter visionario y profundamente innovador de tan prodigiosos trabajos.

Han pasado nada menos que 35 años, y en ese tiempo, aquella corriente inicial de negatividad sobre la cinta original, se ha convertido en pura alabanza, hasta el punto de convencer al propio Scott, que en su momento renegó de la película, para volver como productor ejecutivo de una secuela que para la ocasión, recae en manos de una de las grandes promesas del cine actual, el canadiense Dennis Villeneuve, un director irregular, pero poseedor de un talento visual incuestionable, factor que a priori, le posicionaba como el mejor colocado, para afrontar el sacrilegio que supone dar continuidad a la que, posiblemente, sea la película de culto por excelencia de la historia del celuloide.

Superado el hecho de que Blade Runner 2049 sea una realidad, hay que reconocer que Villeneuve se ha esforzado por dotar al film de un estilo visual muy potente, bien apoyado en el diseño de producción de su compatriota y colaborador habitual Dennis Gassner, que en relación al film, pregunto al realizador cual era el enfoque correcto para esta continuación, y este le respondió con una sola palabra, brutalidad.

Lástima que tan poderoso fondo estético, no vaya reforzado por aquel aspecto sucio del que hacía gala la cinta en 1982, la arquitectura urbana excesivamente simétrica y los espacios limpios, han borrado una de las mejores señas de identidad de tan característico universo, que una vez difuminado el humo que la envolvía, pierde bastante capacidad de magnetismo en esta nueva entrega.

Si a esto añadimos la falta de emoción, que muchos justificaran por su origen ambiguo, pero a los que hay que recordar lo mucho que nos hizo soñar Roy Batty con Rayos-C brillando en la oscuridad, o con naves ardiendo en Orion, es justo afirmar que prácticamente nada de eso queda ya, la rica galería de personajes, dibujados entonces con una motivación evidente, ha sido sustituida aquí por una serie de perfiles del todo estériles, que sumado al carácter inconcluso del argumento, no ayudaran en mucho a superar la inevitable comparación con la obra original.

La ausencia de Vangelis en la Banda Sonora, sustituido por un endeble Hans Zimmer, o de David Webb Peoples en un guión que solo conserva a uno de sus escritores originales, Hampton Fancher, es otro de los puntos a echar en falta en esta continuación, el rechazo de ambos a trabajar en un material, por otro lado inexistente, que no contuviera la firma de Philip K. Dick, – curiosamente, falleció en 1982 – les hizo ignorar un proyecto que, una vez visto los resultados, parece un acierto del todo justificado por ambas partes.

Finalmente, quizá alguien dirá, no con falta de razón, que habrá que conceder a esta secuela, el mismo beneficio de la duda que hizo grande años después a su antecesora, pero sinceramente, y tras el rastro imperceptible de aquel unicornio de papel, convertido ahora, por el poder de un mayor presupuesto, en un tosco e impersonal caballo de madera, mucho me temo que su escaso legado, acabará por perderse en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

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2 thoughts on “Crítica a Blade Runner 2049, una secuela innecesaria.”

  1. Charlie dice:

    Básicamente, vuestra crítica a Blade Runner 2049 es que no es Blade Runner. Pues qué bien.

  2. Es mi opinión no la del colectivo Fusion Freak, tienes una positiva de Jose del Rio que puedes leer, y por supuesto, si hablamos de una secuela, y por mucho que las comparaciones sean odiosas, aquí resulta inevitable hablar de la conexión entre ellas, pero principalmente es una cuestión de (pérdida) de estética y de personajes mucho peor dibujados. Un saludo

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