Charlamos con Guillem López, autor de «Challenger»

Tras la pasada Eurocon y con los resultados de los Premios Ignotus en la mano, una amiga editora y yo ironizábamos con la posibilidad de jugar a la lotería con Guillem López y David Luna. Los dos no paran de acumular los principales premios de literatura fantástica española. Guillem López ganó el Premio Kelvin 505 que organiza el Festival Celsius y en la pasada Hispacon ganó el Premio Ignotus a la Mejor Novela. Por su parte David Luna ganó el prestigioso Premio UPC y el Premio Domingo Santos. Estos autores son la mejor demostración de que la literatura de ciencia ficción en España se está renovando y nuevas voces están tomando la palabra.

Hemos tenido la oportunidad de charlar con Guillem López, autor de Challenger considerada por la crítica como una de las mejores novelas de este año.

Empecemos con una pregunta filosófica, ¿quién es Guillem López?

No lo sé.

Háblanos un poco de Challenger

Challenger es una novela narrada en setenta y tres momentos previos, posteriores o coincidentes con el accidente del transbordador espacial la mañana del 28 de enero de 1986. Representa un caos de realidades y universos que dan forma a una pequeña parte de un todo inabarcable. Tiene sentido y no lo tiene. En el caos de la realidad se abren grietas por las que se cuela el suceso fantástico y lo extraño, produciendo la catarsis en el personaje y el lector. Como dijo Richard Feyneman: no es contrario a la física, tan solo es improbable.

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¿Cuál fue tu inspiración para esta historia? ¿Qué te motivó a escribirla?

Por una parte, yo pertenezco a la generación que recuerda el accidente del Challenger en televisión. Creo que es algo que me ha perseguido durante años. Con el tiempo, comprendes realmente lo que significó aquello. El mundo vivía una especie de euforia colectiva: el sueño americano, el programa Star Wars de Reagan, el cénit del capitalismo arrollador en plena guerra fría… Y, de repente, el transbordador estalla y todo se hace pedazos. Es todo muy épico y visceral, como en una tragedia griega. Por otra parte, cuando lo escribí, yo estaba investigando en el concepto de lo extraño en la literatura de género, el hecho fantástico como catarsis, y descubrí que anteponerlo a un suceso real catastrófico que ha pasado a formar parte de la cultura popular, magnificaba esa sensación de extrañeza y magia en el lector.

¿Hay algo de ti en Challenger? ¿Querías mostrar alguna faceta personal?

Hay algo de mí en todas mis novelas, no sólo mis ideas políticas y filosóficas —como las de todo el que escribe, por otra parte—, sino episodios reales de mi vida, mis miedos, filias, deseos ocultos… Todo eso que hacen los escritores para ahorrarse una pasta en terapeutas.

¿Puedes hablarnos del proceso creativo de la obra?

Muy duro. Tengo muy malos recuerdos de aquella época. Pasé muchas horas frente a la pantalla, madrugones y dudas, muchas dudas. En parte porque no tenía ni idea de lo que estaba haciendo ni el resultado final. Era un proyecto que la gente no comprendía y que yo era incapaz de explicar cuando preguntaban: ¿de qué va tu próxima novela? Afortunadamente, conté con el apoyo de mi gran amigo Jesús Cañadas y de mi agente en todo momento y, más adelante, la fe y confianza de Aristas Martínez Editores. Ahora ya me he acostumbrado a esa sensación, forma parte de los retos que me planteo. Para mí, escribir es un reto constante, un desafío a todos los niveles. Me gusta darle la vuelta a las cosas, buscar nuevas perspectivas que avancen hacia la obra total. Es como narrar Challenger en setenta y tres capítulos. ¿Por qué setenta y tres? No es únicamente por la coincidencia temporal con el último vuelo del transbordador. ¿Por qué el Challenger voló setenta y tres segundos? La fuga de combustible se produjo en el mismo momento en que se dio la orden de ignición. El tanque de combustible debería haber estallado en la plataforma de despegue. Sin embargo, las pequeñas partículas de aluminio que se utilizan para mantener la densidad del combustible sólido, taponaron la fuga por la diferencia de presión. Cuando alcanzó una altura determinada, la presión venció y el Challenger se desintegró. La estructura de Challenger representa esas pequeñas partículas de aluminio gracias a las que el vuelo del transbordador duró setenta y tres segundos. Esas pequeñas partículas diminutas determinan nuestra realidad y eso es algo caótico, hermoso y terrorífico al mismo tiempo. Mis novelas no sólo narran con las palabras, sino también con la forma.

¿En qué estás, desde el punto de vista editorial, trabajando actualmente?

Mi quinta novela saldrá publicada en breve, en un sello con el que me hace especial ilusión publicar y junto a nombres del género en castellano y mundial a quienes admiró desde hace años. Para esta novela desarrollé mi propia etiqueta: ficción especulativa oscura y de la que hablé brevemente durante el pasado festival Celsius 232. Ambientada en València, en un futuro cercano. Por otra parte, estoy trabajando en una novela Cyberpunk que promete mucho.

El veintiocho de enero de mil novecientos ochenta y seis, el transbordador espacial Challenger estalló a los setenta y tres segundos de su despegue. El accidente fue retransmitido por televisión y millones de personas pudieron verlo en directo, causando una gran conmoción en la sociedad norteamericana.
Challenger es un mosaico de vidas cruzadas, instantes que dibujan una estela en el Miami de hace tres décadas y descorren el velo que separa lo extraño de lo cotidiano en setenta y tres momentos acontecidos aquella mañana de enero. Un escenario en el que se dan cita espías soviéticos, sociedades secretas, cazadores y monstruos de las alcantarillas, universos paralelos y policías en la encrucijada.
Una novela de fantasía urbana donde todo es posible. Un viaje a las estrellas, a un mundo mejor, mágico: las dos caras posibles de la realidad y la ficción.
“La prosa de Guillem López atraviesa la estratosfera y nos lleva al lugar donde conviven todas las historias.”  Jesús Cañadas

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