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Blade Runner 2049: un paseo por el valle inquietante

En 1982 se estrenó Blade Runner, una película que adaptaba «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?», uno de los relatos más conocidos de Philip K. Dick, que cuestionaba el impreciso límite entre lo artificial y lo natural en una sociedad decadente cuyo ecosistema había caído en desgracia. El ritmo sosegado, alejado de la estridencia violenta de otros clásicos de ciencia ficción provocó que mucha gente rechazase la propuesta de Ridley Scott y la tachase de pretenciosa, lenta o aburrida. A día de hoy, esos adjetivos son utilizados por muchos de sus detractores que no han empatizado con el caracter filosófico de la película.

Durante treinta y cinco años, muchos de nosotros debatimos sobre la naturaleza del protagonista, la simbología de los origamis, la evolución de la especie humana o el concepto propio de “la humanidad”, ¿qué nos hace humanos o qué nos diferencia de las máquinas?. El replicante Roy Batty nos ofrecía, siendo una creación humana, lecciones sobre el concepto de humanidad y el deseo de vivir que le hacían ser “más humano que los humanos”. La película fue la culpable de numerososo debates sobre el transhumanismo y la evolución de la especie humana.

Si llegado a un punto de la evolución de los diseños robóticos que estas creaciones sean indistinguibles de su creador, ¿cuál es el matiz que falta para dotarles de la propia humanidad? El universo Blade Runner, formados por dos películas y tres cortometrajes realizados expresamente para ubicarnos en la realidad de Blade Runner 2049, supone una vuelta de tuerca a la hipótesis del valle inquietante planteada por Masahiro Mori en los años setenta del siglo pasado. La hipótesis original del valle inquietante es la siguiente: cuando la apariencia de un robot es humana, la respuesta emocional de un observador humano sobre el robot es positiva y empática hasta que llega a un punto en el que se produce rechazo. Cuando la apariencia del robot se separa y es distinguible del ser humano, la respuesta emocional se vuelve positiva y se produce la empatía. Es decir, se produce la empatía hacia aquello que sabemos que es distinto a nosotros y que de alguna manera sabemos que ha sido creado por nuestra especie.

La corporación Tyrell dota a los replicantes de las mejores características del ser humano: son hermosos, inteligentes, fuertes, etc., pero tienen un problema: están programados para tener una vida limitada a cuatro años. Más allá de esa edad deben ser destruídos. El ser humano pone límites a sus creaciones para que no sean iguales a sus creadores. Curiosamente sus implantes emocionales y sus recuerdos artificiales se sustentan con algo tangible y fuera de lugar (en un mundo tan artificial) como son las fotografías analógicas.

Todos estos argumentos filosóficos quedan apartados en la nueva cinta de Denis Villeneuve, creando un universo propio que se alimenta del anterior pero que se aleja en todos sus planteamientos. Blade Runner 2049 se alimenta de la estética creada por Masamune Shirow en Ghost in the Shell (que, a la vez, se inspiraba en el primer Blade Runner), para contarnos una historia que nos recuerda más al cine nipón de animación que a las influencias del cómic europeo que tenía la película original.

Villeneuve abandona toda la filosofía que nutre el universo creado por Ridley Scott y crea un lenguaje propio adaptado al espectador del siglo XXI: un universo transmedia cuyo primer reflejo es la película pero que tendrá muchas imágenes en forma de cortometrajes, cómics, libros o videojuegos. Su realización es impactante con una fotografía y diseño de producción sobresalientes en los que solamente echamos de menos el bullicio y el ambiente opresivo de su predecesora. Villeneuve trata de resaltar la soledad del individuo en un mundo que ofrece todas las posibilidades de ocio y diversión. Sin duda, al igual que todas las cintas del director, Blade Runner 2049 revoluciona el cine de ciencia ficción con una película que busca diferenciarse de su mítica precuela creando su propio universo.

Como se viene señalando desde hace mucho tiempo, en esta película, y por ende en todas las superproducciones, el principal enemigo no forma parte de la película sino que es el spoiler. Las filtraciones que se han producido, ya sea por parte de la productora o de los supuestos hackers, consiguen que muchas de las sorpresas que nos tiene guardado el film sean desveladas mucho antes de producirse y que las estemos esperando.

En definitiva, Blade Runner 2049 es una gran película que deleitará a los aficionados a la ciencia ficción y que se separa radicalmente de la película original. Villeneuve vuelve a demostrarnos que, junto con Christopher Nolan, es uno de los mejores directores de esta década.

Como viene siendo habitual en mis críticas, os aliento a que veáis la película en versión original. No dudo que el equipo de doblaje haya hecho un gran trabajo pero no ha captado los matices que caracterizan a los personajes.

Treinta años después de los eventos del primer film, un nuevo Blade Runner, K (Ryan Gosling) descubre un secreto largamente oculto que podría acabar con el caos que impera en la sociedad. El descubrimiento de K le lleva a iniciar una búsqueda de Rick Deckard (Harrison Ford), un blade runner al que se le perdió la pista hace 30 años.

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