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27 Fancine: Festival de Cine Fantástico Universidad de Málaga. Primera Jornada.

Día 2

9 de Noviembre de 2017

Superada ya la locura de la gala inaugural, nos centramos en la primera batería de producciones, con esa incomoda sensación inherente a cualquier festival, que te lleva a una sala dejando pasar la proyección contigua, sin saber muy bien si la elección es acertada.

En cualquier caso, y como siempre, es posible repetir título en días posteriores, basta con hacer un planning adecuado, y no pensar mucho en las que definitivamente se queden en el camino, tal es esa mencionada carrera a marchas forzadas, que provoca cualquier evento de similares características.

Para esta jornada, hemos elegido cuatro títulos que recogen parte de las secciones que presenta Fancine, transitando desde los largometrajes a concurso, a la horror zone, con tiempo para el anime de calidad, y vuelta al máximo exceso, ya en horarios más golfos, todo un tour de force que se mantendrá a un ritmo similar a lo largo del fin de semana.

No olvidéis, antes de entrar en materia, la cantidad de actividades que podéis disfrutar desde ya, en talleres anexos al Cine Albéniz, en Calle Alcazabilla, para más información, no dudéis en consultar la web del festival:

www.fancine.org

 

 

LARGOMETRAJES A CONCURSO

 

BUSHWICK

Fue a mediados/finales de la década de los 70, y principios de los 80 del siglo pasado, en la que, principalmente, un par de directores, el maestro John Carpenter, y el habilidoso Walter Hill, crearon un subgénero dentro del cine de acción, al que se añadían tintes distópicos, e incluso influencias declaradas de pura tensión, más propias del cine de terror, que bien se podría denominar como obras de caos urbano, en la que “1997, Rescate en Nueva York”, figura como título más destacado dentro de tan peculiar universo.

La llegada del nuevo milenio, ha sabido sacar partido gracias a vibrantes capítulos de la excelente y televisiva Black Mirror, que seguramente, animaron a los responsables de La Purga, esa interesante Noche de las Bestias, a recuperar, sobre todo desde Anarchy, su segunda película de lo que hasta el momento, se configura, – junto a Election – como una trilogía, ese tono de luchadores callejeros, sumidos en el horror de un peligro constante, en la que resulta imposible obviar “The Warriors”, de Walter Hill, la referencia más obvia.

Bushwick es un barrio de la parte nordeste del distrito de Brooklyn, en Nueva York, que de la noche a la mañana despierta en estado de ley marcial, su ambiente cosmopolita ha sido sustituido por una cruenta batalla campal entre militares y civiles. Con enorme incertidumbre, una joven huye por las calles hasta encontrarse con un conserje, con el que forma alianza para encontrar una salida, al tiempo que buscan a los familiares de la chica.

Con un comienzo abrumador, que contempla un ritmo frenético, y un buen puñado de esforzados planos secuencia sin cortes, que sirven para atrapar al espectador en su particular vorágine de caos y destrucción, los directores Jonathan Milott y Cary Murnion, responsables de aquella simpática locura llamada “Cooties”, oscurecen el tono en esta, su segunda película tras la cámara, buscando alcanzar un tono memorable, dentro de un estilo propenso a empatizar con el espectro cinéfilo más popular.

El uso del sintetizador como recurso musical, es otro de los aspectos que conectan el film con el espíritu Carpenter, indiscutible maestro de la Serie B, lástima que tan buenas intenciones acaben por difuminarse por culpa de un desarrollo argumental muy pobre, al que acompañan una serie de decisiones estéticas del todo erróneas, y unos personajes planos y mal dibujados, que en suma, deslucen lo que bien podría haber sido un trabajo digno de añadirse al catalogo de buenos ejemplos dentro del mencionado subgénero.

Para terminar, y como aliciente, la presencia masiva de Dave Bautista, repartiendo mamporros de lo lindo, podrá animar a muchos a acercarse a un film que desaprovecha su potencial, olvidando que no todo se reduce a darle forma adecuada a un producto, descuidando el resto de factores, que componen toda producción de calidad que se precie.

 

 

HORROR ZONE

 

REVENGE

Un millonario se va de retiro de fin de semana al desierto con su amante, tras pasar la primera noche, aparecen dos amigos con los que pretende salir de caza, pero la cosa se complica cuando uno de ellos se siente irremediablemente atraído por la chica.

El cine europeo a la vanguardia del concepto extremo, pieza separada del terror que busca ese realismo malsano, perfecto para agitar la conciencia del espectador, y en el que los franceses llevan ya tiempo sentando cátedra, como sorprendentes adalides de una cruzada que en otro tiempo, y dado su carácter sujeto a la máxima pretenciosidad, nadie hubiera podido aventurar.

La debutante Coraline Fargeat, se adhiere a dicha corriente con el máximo de los entusiasmos, construye un primer tramo deslumbrante, con una capacidad cromática y un uso de la imagen sorprendentes, que parece anticipar, por su duro carácter expositivo, lo que bien podría ser otra de esas joyas de tan peculiar subgénero.

El problema surge a medida que la trama se complica, y comienza a exigir al espectador situaciones muy poco convincentes, entregada a una vorágine de sangre y sonido decibélico, que bien parece querer abrazar, de forma involuntaria, una especie de Grindhouse al que, a esas alturas, ya le resulta imposible aproximarse, por una falta evidente de sentido del humor, totalmente ajeno a su propuesta.

Como relato feminista tampoco funciona, si su protagonista, Matilda Anna Ingrid Lutz, de enorme parecido a Jessica Alba, quiere agitar esa bandera, flaco favor va a hacer a dicho colectivo, con una serie de mensajes contradictorios, que bien se podrían resumir en consumir peyote para hacer frente a la adversidad.

Para terminar, Revenge es un trabajo entretenido, técnicamente contiene brillantez, no en vano ha conseguido el premio a la mejor dirección en Sitges, pero sus decisiones en momentos clave del film exigen tanto al espectador, que más vale haberse dejado el cerebro en casa para no asistir, de forma consciente, a tan magno descalabro narrativo.

 

 

ANIMA ZONE

 

MUTAFUKAZ

La estrecha colaboración entre Europa y Japón en cuestiones de Anime, ha dejado muy buenas sensaciones en el pasado, cuando la televisión era el mejor, y casi único exponente de muchas expresiones de creatividad, y genios como Hayao Miyazaki, la utilizaban sin rubor para vehículos de la talla de aquel mítico Sherlock Holmes perruno, que pudimos disfrutar a finales de la década de los 80.

Francia se adscribe, como en otro tiempo, a aquel pacto entre ambos países, para presentar un trabajo verdaderamente fresco y sorprendente, que además, describe su propio aliento estético, a través de una animación clásica convincente, a la que se suma un diseño de paisajes muy enérgico, que encaja a la perfección en el ritmo de un film que apenas sufre altibajos en su desarrollo.

Angelino vive con su amigo Vinz en la peligrosa Dark Meat City, tras sufrir un accidente de moto, comienza a sufrir dolores de cabeza y extrañas ensoñaciones, que se ven agravadas cuando la policía, y unos extraños tipos trajeados, comienzan a perseguirle.

A partir de una idea original de Guilleaume Renard, el japonés Shoujirou Nishimi, uno de los responsables de aquel Batman: Guardian de Gotham, que servía como puente animado entre Begins y El Caballero Oscuro de Nolan, se ocupa, junto al propio Renard, de la dirección de esta curiosa y violenta distopía, que en ningún caso, renuncia al sentido del humor como parte indivisible de su exposición.

De su particular jungla de asfalto, Mutafukaz toma prestada de forma evidente la ciudad de Los Ángeles, a la que envuelve de ritmos latinos y hip hop, en un trabajo que se mueve entre continuas persecuciones, con unos personajes, como esa calavera llameante llamada Vinz, a los que muy rápidamente se les coge cariño, gracias a la simpatía y el tono de humor que la cinta desprende, con un continúo pero acertado inserto de cartelería luminosa, que va describiendo las diferentes áreas por las que se mueven sus protagonistas.

Por último, destacar la crítica política y social que Mutafukaz contiene, muy al estilo de “Están Vivos” del maestro Carpenter , incluso la presencia de esos guerreros de la lucha libre, conectan de algún modo con aquel mítico producto de Serie B ochentero, en un cajón de sastre que nunca renuncia a su tono irónico, como entretenimiento de calidad que sabe utilizar tan perspicaz altavoz, en la consecución de sus objetivos.

 

 

HORROR ZONE

 

MEATBALL MACHINE KODOKU

Bienvenidos a ese subgénero conocido como Splatter, definición aportada por el recientemente fallecido George A. Romero para definir su Amanecer de los muertos, un cine centrado en lo visceral, en lo extremo, con un desaforado exceso de sangre, que puede conseguir dejar fuera de combate a cualquier profano en el tema, que no este preparado para afrontar la peculiar orgía de sangre a la que se enfrenta.

En ese punto donde Gore y Splatter se aproximan, hasta convertirse prácticamente en un solo ente, los japoneses vuelven a demostrar aquello de estar a años luz de cualquier cinematografía, gracias a una falta absoluta de vergüenza, y esa enorme capacidad creativa tan capaz de hacer frente a factores de absoluta negatividad, como pueda ser una evidente falta de presupuesto, suplida aquí con el esfuerzo y la voluntad de Yoshihiro Nishimura, al que muchos recordarán como responsable de Tokio Gore Police, un producto de similares características, que supuso su debut en 2008 como realizador.

Un cobrador de morosos con escasa vocación para molestar, vera como su existencia cambia de la noche a la mañana, cuando le sea diagnosticada una grave enfermedad intestinal, a la que se suma una muy agresiva invasión alienígena, que deja aislado todo el perímetro del barrio donde vive.

Con un prólogo extenso, que casi ocupa la mitad de su metraje, resulta sorprendente que no contenga ni un solo detalle superfluo, que no vaya a encontrar respuesta una vez se abra la particular Caja de Pandora que Nishimura nos tiene preparada, donde la exageración toma el control de la situación, y como todo buen splatter, se teatralizan las mutilaciones de una manera continua y en extremo sangrienta.

Como último factor decisivo, se añade un punto de crítica social, de forma muy ingenua eso si, pero necesario para que Meatball Machine Kodoku forme parte de tan peculiar subgénero. Un trabajo que muchos despreciaran sin más, por no querer hacer el esfuerzo de entrar en su complejo engranaje, evidentemente no estamos ante un cine que se pueda valorar desde los esquemas de lo convencional, pero nadie, salvo algún despistado, podrá decir aquello tan socorrido de que no sabía a lo que venía, tras presenciar, lo que bien se podría definir, como un desaforado y bizarro Power Rangers para adultos.

 

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