26 Fancine: Festival de Cine Fantástico Universidad de Málaga. Quinto Día.

14/11/2016

 

Tocaba detenerse en el ciclo dedicado a los Monstruos de La Universal, y nada mejor que hacerlo con su título más memorable, la mítica Novia de Frankenstein, sin duda la mejor de todas las filmadas en esa época, ya casi prehistórica para la historia del Séptimo Arte.

Con la vista puesta en la dos sesiones de cortometrajes, que podremos disfrutar hoy martes, la jornada de ayer, instalada ya en un ambiente más relajado, también sirvió para la resurrección de Paul Schrader, con un film ubicado entre los largometrajes a concurso, que seguro, cuenta con posibilidades en el palmarés final del evento.

 

 

-Monstruos de La Universal:

 
LA NOVIA DE FRANKENSTEIN

Rodada en 1935 por James Whale, en glorioso B/N, y con el impulso de haber obtenido el éxito previo con la cinta original, tan solo cuatro años antes, la estrella de La novia de Frankenstein no solo se extiende a su calidad como secuela, posiblemente una de las cinco mejores de la Historia del Cine, es también la mejor de todas las producciones bendecidas con la etiqueta “Monstruos de La Universal”.

Tras la huida del monstruo, el Doctor Frankenstein recibe la propuesta de un colega, el tenebroso Doctor Praetorius, que pretende crear una compañera para la criatura.

Recurriendo a un prólogo de carácter legendario, que sitúa a los Shelley, poeta y escritora, marido y mujer, junto a Lord Byron, en una no tan hipotética velada, que aparece como primer esbozo en la novela Frankenstein, en el que, curiosamente, la propia Elsa Lanchester se pone en la piel de la autora, para posteriormente, dar vida a la novia cadáver del título, el realizador da un paso más allá en la mitología de la criatura, sin abandonar el verdadero carácter de la obra, que mantiene esa obsesión del hombre por alcanzar ese poder divino que supone crear vida.

Como factor renovador, se produce una evidente humanización de la criatura, a la que incluso vemos llorar, escenificando un mayor nivel de soledad y patetismo, intensificado por la presencia necrófilo-romántica de tan poderoso reclamo femenino.

Del resto, se ocupa la presencia apabullante de Boris Karloff al servicio del monstruo, el inolvidable peinado de Lanchester, la excelente partitura de Fran Waxman, que impregna todos los rincones del film, la fotografía, de corte expresionista, con planos escorados y extrañas sombras amenazadoras, todo ello coronado por el talento de Whale para la puesta en escena y los diseños, que incluyen la propia fisonomía del monstruo y su novia.

Finalmente, y partiendo de la base irrenunciable que obliga a no recomendar clásicos, sencillamente porque todo cinéfilo debería haberlos asumido como una obligación, mencionar que la grandeza del film reside en esa perfecta combinación del terror con el uso frecuente de comedia, factor que permite cierta inmortalidad a una obra cinematográfica, que mantiene intactos sus valores pasadas ocho décadas.

 
– Largometrajes a Concurso:

 
DOG EAT DOG

Resulta que Eddie Bunker, que interpretaba al Señor Azul en Reservoir Dogs, del maestro Quentin Tarantino, es en realidad novelista, y de sus páginas, surgen historias muy en la linea de su experiencia como actor, que recogen ese aliento criminal tan reconocible, que siempre prefiere la presencia de ambientes degradados, sobre los que poder desarrollar su particular universo estético.

Tres socios, todos ex convictos, recurren a la figura de un viejo mafioso, para obtener diversos trabajos de robo y extorsión, que les permita obtener dinero rápido, con el firme objetivo de no volver nunca a prisión.

Adaptada y dirigida por Paul Schrader, viejo gurú del cine pretérito, siempre preferible como guionista de obras maestras como Taxi Driver (1976), aunque responsable como director de maravillas de la talla de El Placer de los Extraños (1990) o Aflicción (1997), obras que ya demostraban un gusto particular por unas formas visuales deformadas, que encajan con soltura en el omnipresente estilo Pulp del que hace gala un trabajo, que pese a los excesos, no persigue ningún tipo de consideración pretenciosa, lo que añade un punto de valor considerable a la propuesta.

El protagonismo de un Nicolas Cage más contenido, cuya trayectoria reciente amenazaba con anular todos sus logros pasados como interprete, también apunta como buena noticia de un film, que tiene a Willem Dafoe, el Mad Dog del título, como máxima atracción, soberano del exceso, en un trio de puteros y adictos a todo tipo de sustancias, que completa la presencia masiva de Christopher Matthew Cook.

Para terminar, recomendar el film a todos los amantes de ese cine propenso a sorprendentes estallidos de violencia, adornado por diálogos en apariencia insustanciales, pero cargados de sabiduría callejera, en el que los tacos y la grosería nos acercan nuevamente a la esencia Tarantino, ese mencionado genio, que si bien no inventó el género, ha sabido elevarlo a categoría de arte de manera incontestable.

 

 

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